CONSEJO DIOCESANO DE MISIONES.

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Oct 24

Petry Castañera Berrocoso experiencia en Sierra Leona

Mi testimonio... parece fácil. Pero, qué difícil expresar lo que se vive en 23 días tan llenos.

Para mí ya es la segunda vez que viajo a África. Hace dos años fui a Etiopía y ahora me ha tocado Sierra Leona.

Me siento triste cuando me pongo a escribir esto. Sólo hace un poquito más de una semana que hemos vuelto; pero, a la vez, estoy feliz por haber podido experimentar tantas cosas buenas, tantas experiencias compartidas.

No sé muy bien si sabré expresar lo que siento... Gratitud en primer lugar, y en segundo lugar, expresar que lo que hemos ido a hacer allí es nada, comparado con lo que hacen tanto las hermanas como los misioneros. Bueno, nada tampoco, "sonrío", ahora que me escucho decirlo, algo es, dar un poquito de nuestro tiempo y cariño a los demás.

Gratitud a mis monjitas, a las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta. Hace dos años apenas conocía un poquito de ellas, sabía que eran las que iban vestidas con "sari blanco y ribete azul", ahora ya sé un montón de cosas más.

Ahora sé que la mayoría de las veces, nos transmiten alegría, buen humor, serenidad, tranquilidad.. ¡cuántas cosas¡

En Makeni, en la casa que tienen allí, he vuelto a compartir con ellas, muchos momentos buenos, alegres, duros y también tristes. En esta casa igual que en las que estuve en Etiopía se ocupan de los más pobres, los más necesitados, acogen a cerca de 100 personas, (no sabría con exactitud) de las que se ocupan diariamente, de darles de comer, darles medicinas varias veces al día, de llevarles y recogerles al hospital y además no paran de hacer cosas: desde por la mañana temprano empiezan que si hospital, que si repartir comida en las aldeas cercanas. Bueno, no tan cercanas, tuvimos el placer de acompañarlas a una aldea que estaba a tres horas de camino con mil baches, esta vez no llovió, pero llegar allí repartir leche para las familias, ver qué personas estaban más enfermas o necesitadas y llevárnoslas con nosotros y otras tres horas de camino ¡y llegar sonriendo¡ Yo aquí me canso hasta de ir en el metro, una hora ¡jeje!

Otro día se estropea el coche o se mete en un agujero en el camino, pero da igual, ellas consiguen llegar al destino, se bajan y empujan y meten los pies en el barro, lo que haga falta y ¡NO SE ENFADAN! ¡Ay¡ ¡cuánto me queda por aprender!

Luego, si les pedimos que se sienten un ratito con nosotros y nos cuenten cosas (vocación, vida), nos las cuentan, a nosotros, desconocidos para ellas, pero con cariño ¡nos las cuentan¡ Son capaces de abrirse a nosotros. Ellas nos han enseñado muchas cosas. Estaría escribiendo de ellas tantas y tantas páginas..,

También quiero expresar mi agradecimiento a todos los misioneros que nos han enseñado y acogido (sin avisarles si siquiera que pasábamos a verles a alguno de ellos), de todo lo que nos han hecho vivir. A diferencia de Etiopía, aquí hemos compartido muchos ratos con ellos, hemos asistido con ellos a misas en diferentes aldeas y siempre, siempre, hemos sido muy bien recibidos y nos lo han demostrado con mucho cariño y sonrisas.

Con todos estos misioneros, Javerianos, Josefinos, Agustinos de Recoletos, también Monjas de San José de Cluny, donde estuvimos alojados, todos nos han dado un poquito de su tiempo y nos han contado un poquito de sus vivencias allí en Sierra Leona durante la guerra pasada y cómo lo vivieron. Y también qué es lo que hacen ahora (colegios, casas, hospitales, etc.). Necesitarían horas y horas para contarnos lo que viven y yo me quedaría encantada escuchándoles, llevan muchos años allí, algunos sufrieron secuestros, otros, disparos, pero ahí siguen y son muy queridos, puedo dar fe de ello.

Existen diferencias religiosas, pero igualmente nos contaban que en Navidades es normal que se junten, sean de la religión que sean.

En la casa de las hermanas, desde niños a mayores, aunque sean de otra religión se saben nuestro Padre Nuestro, nuestro Ave María, acompañan a las hermanas a la Misa. ¡Increíble!

Y mi segundo lugar, como decía arriba, es expresar que no soy valiente, que es duro para mí vivir tantas cosas, imagino que para las hermanas también, pero ahí están, y que, por qué no ayudar a los que lo necesitan cuando puedo.

Y finalmente darle las gracias a la Delegación de Misiones y a todos los que me han acompañando en este viaje.

¡Un abrazo! Madrid, 24 de octubre de 2012

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